¿CUÁL TE EMOCIONA MÁS?
lunes, 30 de marzo de 2009
UN LUNES, UN CUENTO (20)
EL MEJOR HIJO
Una historia de Etiopía nos presenta a un anciano que, en su lecho de muerte, llamó a sus tres hijos y les dijo:
-No puedo dividir en tres lo que poseo. Eso dejaría muy pocos bienes a cada uno de vosotros. He decidido dar todo lo que tengo, como herencia, al que se muestre más hábil, más inteligente. Dicho de otra forma: a mi mejor hijo. He dejado encima de la mesa una moneda para cada uno de vosotros. Cogedla. El que compre con esa moneda algo con lo que llenar la casa se quedará con todo.
Se fueron. El primer hijo compró paja, pero sólo consiguió llenar la casa hasta la mitad. El segundo hijo compró sacos de plumas, pero no consiguió llenar la casa mucho más que el anterior.
El tercer hijo –que consiguió la herencia- sólo compró un pequeño objeto. Era una vela. Esperó hasta la noche, encendió la vela y llenó la casa de luz.
CARRIÈRE, J.C., El círculo de los mentirosos. Cuentos filosóficos del mundo entero, LUMEN, Barcelona, 2001.
domingo, 22 de marzo de 2009
UN LUNES, UN CUENTO (19)

LA PEREGRINA
Pues, señor, que una vez era un hijo de un rey que estaba cantando en un palacio muy hermoso, y mientras durase el encantamiento no podía irse de allí; pero le permitían que anduviese cazando por los alrededores.
Uno de los días que fue de caza acertó a pasar por una casa de campo, donde vio una joven tan guapa que ¡hasta allí!, una moza que era la envidia de todas aquellas tierras.
El príncipe se enamoró de ella y, como era también muy guapo, no le pareció a ella saco de paja, y también se enamoró de él. El príncipe le dijo si quería ser su mujer, y como ella estuvo conforme, se la llevó a su encantamiento, y allí la tenía rodeada de todo cuanto podía desear. Le dijo que pronto iba a cumplir el tiempo por el que estaba encantado, y entonces se iría a su casa y se casaría con ella, pero que tuviera mucho cuidado de no dormir en el día que él se fuera, porque él no podía llamarla y, si lo llegaba a perder de vista, no le sería fácil volverlo a ver.
Pues, señor, que llegó el día en que se cumplía su encantamiento y vino su padre por él en un coche de caballos. Antes de salir fue el príncipe a ver a la joven y se la encontró dormida; cogió una porción de flores y las echó alrededor de ella, y sacando un puñal con el mango de oro se lo puso en el pecho. Luego, como su padre lo estaba esperando, salió y, subiendo al coche de caballos, se fueron.
En el momento que salieron desapareció el palacio, y no quedó nada más que la joven dormida sobre la tierra. Con la sensación del frío despertó ella y, al verse sola, comprendió que se había cumplido el tiempo del encantamiento del príncipe y que éste se había ido durante su sueño.
Recogió las flores y el puñal, y guiándose por las señales de las ruedas siguió tras el coche. Al llegar a un alto divisó a lo lejos una nube de polvo y vio que era el coche donde iba el príncipe. Siguió corriendo detrás, pero no podía alcanzarlo, hasta que se encontró con una peregrina. Le preguntó si había visto a los que iban en aquel coche, y por las señas que le dio conoció que uno de ellos era el príncipe. Le propuso a la peregrina que cambiaran de traje y, como el suyo era muy bueno, no tuvo aquélla inconveniente.
Con el traje de peregrina prosiguió su camino y, como el coche se había parado en la fuente para comer los viajeros, lo alcanzó.
Apenas tuvo tiempo la peregrina de descansar un ratito, cuando el coche se puso otra vez en marcha. Pero el príncipe había visto a la peregrina hablar con la joven, y creyendo que era la peregrina, pues no había observado el cambio de trajes, quería preguntarle por la joven, y dio orden de que los caballos fueran al paso, con disgusto del rey, que quería que fuesen corriendo; pero el príncipe le dijo que iba enfermo y no le convenía ir de prisa.
Así, como el coche andaba poco, la peregrina podía seguirlo, y el príncipe, que deseaba hablar con ella, se asomó y le dijo:
-Peregrina, ¿no estuviese hablando en el camino con alguien?
-Sí, señor –contestó la peregrina-, con una niña muy bonita.
-¿Y qué te decía aquella niña?
-¡Ay, pobrecita! Sólo decía: “caballero que me enamoraste con rosas y flores, ¡ay de mí!, para olvidar mis amores.”
Le preguntó varias veces, porque le gustaba oírla hablar, y ella siempre le contestaba lo mismo, hasta que el rey, cansado de todo aquello, dio orden de que apretasen los caballos, pero el príncipe se opuso, a menos que la peregrina entrase en el coche, pues de otro modo se bajaría él. El rey creyó que era un capricho de su hijo, y con tal de llegar pronto a palacio consintió que la peregrina entrase en el coche. Subió la peregrina, y por fin llegaron a palacio. El príncipe no la había reconocido, pero al oírla hablar le parecía conocer el eco de voz, así que no quería dejarla ir y ordenó que le destinasen una habitación en el palacio, cerca de la suya.
Pues vamos, que el rey tenía ya dispuesto el casamiento de su hijo con una princesa que aquel mismo día había llegado al palacio; así fue que al día siguiente le dijo al príncipe que iba a verificarse la boda. El príncipe pidió tiempo para pensarlo, pero el rey le dijo que no era posible, porque la novia había llegado con el acompañamiento y no podía hacérsele esperar y, que quieras que no, los casó al día siguiente. El príncipe estaba muy disgustado pues se acordaba de la joven que había quedado abandonada en el campo. Por su parte la peregrina, que tenía esperanzas de que el príncipe acabaría por reconocerla, al verlo casado las perdió por completo y no quiso asistir a las fiestas.
Así que llegó la noche y se acabó el baile, la princesa se fue a acostar, pero el príncipe quiso antes ir a ver a la peregrina, por si estaba enferma, pues no la había visto en todo el día. Llegó a su cuarto y lo encontró vacío, preguntó a los criados y ninguno la había visto, la buscó por todas partes y, al registrar el jardín, la encontró tendida en el suelo con un puñal clavado en el pecho, y a su alrededor muchas flores. Se inclinó y vio su puñal con mango de oro y, descubriéndole la cara, reconoció a la joven.
Entonces, comprendiendo por qué se había matado, dijo:
-Puesto que tú no has querido vivir sin mi amor, yo no quiero tampoco vivir sin el tuyo –y cogiendo el puñal, se lo clavó en el pecho, cayendo muerto al lado de la peregrina.
La princesa, que estaba aguardando a su esposo, viendo que tardaba mucho, se levantó para ver dónde estaba, fue al cuarto de la peregrina, temiendo que allí estuviera, pues sabía que había venido con ellos y, como no encontró a ninguno, se creyó que habrían huido, los buscó por todas partes y, al llegar al jardín y verlos muertos, tuvo celos de la peregrina y, cogiendo el puñal que el príncipe tenía en el pecho, se lo clavó ella y cayó muerta a su lado.
Cuando se levantaron por la mañana los reyes, fueron a ver si se habían levantado los recién casados y, al ver que ya no estaban en su cuarto, bajaron al jardín y cuál no fue su dolor al ver a los tres difuntos. La reina le echaba la culpa al rey, peus decía que, sabiendo que su hijo quería a la peregrina, se había empeñado en casarlo con otra mujer. El rey se disculpaba como podía, pero los dos estaban inconsolables.
Al poco tiempo ven bajar una paloma blanca, que, después de revolotear alrededor de los muertos, se posó en tierra. La paloma traía en el pico una cestita, que puso en el suelo. Todos, sorprendidos, aguardaron a ver qué hacía.
En la cesta traía un botecito con una pluma dentro. La paloma sacó la pluma, y con el líquido del bote le dio al príncipe en la herida, y éste se levantó bueno y sano, con gran sorpresa y alegría de los que lo presenciaban. La paloma se dirigió al príncipe y le dijo:
-Traigo orden de volverle la vida a una de las muertas, elige entre las dos la que quieras.
El príncipe contestó sin vacilar que la peregrina.
Entonces la paloma cogió la pluma y, untando con ella en la herida de la peregrina, ésta recobró la vida. Luego, cogiendo la cestita, remontó el vuelo y desapareció de la vista de todos.
Los reyes hubieran deseado resucitar a la princesa, pero, viendo que era imposible, porque la paloma se había llevado el botecito, se conformaron con tener a su hijo, y dispusieron con gran pompa el entierro de la princesa.
Acabado esto, el séquito de la princesa regresó a su país, a llevar la nueva de aquella desgracia, y el príncipe les dijo a sus padres que no se casaría con nadie como no fuera con la peregrina. La reina, que no quería que volviese a suceder otra cosa como la anterior, convenció al rey, y pasados unos días de luto por la princesa, se casaron los dos jóvenes, siendo felices toda su vida.
Se acabó mi cuento con pan y pimiento, y todos contentos.
A. R. ALMODÓVAR, Cuentos al amor de la lumbre (I), ANAYA, Madrid, 1986.
domingo, 15 de marzo de 2009
UN LUNES, UN CUENTO (18)

LOS DOS HERMANOS Y LOS DOCE LADRONES
Dos hermanos eran uno rico y otro pobre. Un día el pobre se fue con unos borriquillos a por leña al bosque. Y al llegar donde había mucha leña, vio una polvareda y se asustó. Dejó el borriquillo y se subió a un árbol. Vio que eran doce hombres que venían en sus caballos y que se allegaron a una roca grande y dijeron:
-Roca, ábrete.
Y al decir eso, se abrió la roca y entraron.
Oyó que al entrar dijeron:
-Roca, ciérrate –y la roca se cerró.
El pobre no se apeó del árbol del miedo que tenía y se estuvo allí hasta que los hombres salieron otra vez de la roca.
Y, cuando ya se habían ido, se apeó el pobre de su árbol. Se allegó a la roca y dijo:
-Roca, ábrete –y se abrió y entró.
Vio que allí había muchos taleguillos de oro. Sacó todos los que pudo y los cargó en el borriquillo. Al salir de la roca, dijo:
-Roca, ciérrate –y se cerró.
Entonces fue, cogió la leña y la puso encima de las talegas de oro para dar a entender que traía leña.
Y su hermano, que era rico, nunca le ayudaba y se burlaba de él porque era pobre. Cuando llegó el pobre a su casa del monte, le mandó pedir su media para pedir un poco de trigo. El hermano rico se la envió, pero, como tuno, untó pez en el fondo. Midió el pobre su oro en la media, pero se quedó pegada una moneda de oro en el fondo. Y al devolverle la media al hermano rico, dice la cuñada:
-Tu hermano, que es pobre, es más rico que nosotros. Mira la moneda de oro que se ha quedao pegada, de oro que midió con la media.
Entonces le contó el pobre lo que había pasado y cómo había entrado en la cueva a cargar su borriquillo de taleguillos de oro.
-¿Han quedao todavía algunos talegillos de oro? –le preguntó el rico.
-Ya lo creo –le dijo el pobre-; hay muchos todavía.
Se fue el hermano rico a su casa sin decir nada.
Llegó a su casa muy contento y le dijo a su mujer:
-Oye, tú, date prisa a preparar la carreta y los cestos para ir al monte por oro, que le pregunté al hermano cómo había hallado tanto dinero y me dice que hay allá en el monte una roca que se le dice Roca, ábrete y se abre, y dentro hay muchos taleguillos de oro.
Prepararon los borriquillos y la carreta y los cestos, y se fue el hermano rico a buscar la roca en el monte. Llegó y dijo:
-Roca, ábrete.
Y se abrió la roca y entró. Y ahí estaba recogiendo taleguillos de oro, cuando llegaron los ladrones y le preguntaron:
-¿Qué hace usted por aquí?
Y él les dijo:
-Recogiendo leña.
-Pues no recoge usted mala leña –le contestaron ellos.
Sacó él entonces un cuchillo y mató al capitán de los ladrones. Entonces los demás lo cogieron y lo partieron en cuatro pedazos y lo dejaron allí muerto.
Como no volvía el hermano rico, fue el pobre a buscarlo y lo encontró descuartizado.
Volvió a la casa muy desconsolado y le dijo a su cuñada:
-¿Sabes que a mi hermano lo han matado por avaricioso?
Pero la mujer, muy viva, fue y llevó el cuerpo a un zapatero y le encargó que lo cosiera bien. Y lo cosió el zapatero.
A poco llegó uno de los ladrones y le dice al zapatero.
-Tío zapatero, qué madrugador está usted.
-Tenía que hacer y por eso he madrugado.
-Y esa sangre, ¿de quién es? Dígame usted la verdad y le doy un taleguillo de dinero.
-Pues le diré la verdad. Es de un hombre que he cosido esta mañana.
-Y ese hombre, ¿dónde está? –le preguntó el ladrón.
El zapatero le dijo:
-pues es en aquella casa.
Al otro día fue el ladrón a la puerta y le dijo a la mujer:
-Señora, ¿puedo dejar aquí esta noche once pellejos de aceite, que mañana tengo que ir a venderlos?
Y ella le dijo:
-Pues es en aquella casa.
Al otro día fue el ladrón a la puerta y le dijo a la mujer:
-Señora, ¿Puedo dejar aquí esta noche once pellejos de aceite, que mañana tengo que ir a venderlos?
Y ella le dijo:
-Déjelos usted, que aquí estarán muy bien hasta mañana.
Pero en los pellejos estaban escondidos los once ladrones.
La mujer sospechó que no era aceite, y ya de noche fu y calentó agua y fue echándoles a cada uno una calderada, y a todos los achicharró con el agua caliente.
Por la mañanita temprano se levantó el nuevo capitán y les hizo una señal tirando a cada pellejo unas piedrecitas. Pero como vio que no se movían le dijo a la mujer que ya se iba con sus pellejos.
Pero ella le dijo:
-No se vaya todavía usted. Espere, que bailaremos.
Y mientras bailaban sacó ella un cuchillo y lo mató.
A. R. ALMODÓVAR, Cuentos al amor de la lumbre (II), ANAYA, Madrid, 1986.
jueves, 12 de marzo de 2009
8 de marzo. DÍA DE LA MUJER
RESPUESTA A LA ACTIVIDAD DE LA MUJER EN EL SIGLO XXI A TRAVÉS DE CANCIONES
1. EL CANTO DEL LOCO. ACABADO EN A
2. FONDO FLAMENCO. PRINCESA
3. MELENDI. HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE
domingo, 8 de marzo de 2009
8 de marzo. DÍA DE LA MUJER
Esta actividad pretende ser conscientes del mundo de la igualdad, y por consiguiente, la situación femenina, a través de los mensajes de la letras de canciones :
Con “Un ramito de violetas” y “Me quedaré soltera”, de Cecilia nos trasladamos a la década de 1970, la España que quiere salir del atraso social y económico, pero donde la mujer vive todavía como un apéndice del marido, y fija el fin de su existencia en el éxito en buscar esposo. En estas canciones se aprecia la condición femenina de aquellos años, la incomprensión de la pareja, en “Un ramito de violetas”:
y la frustración por no encontrar marido, en “Me quedaré soltera”:
En los ochenta, tras unos años de democracia, la sociedad española comienza a cambiar y a aceptar relaciones hasta entonces condenadas, como puede apreciarse en el hecho de que una canción como “Mujer contra mujer” del grupo Mecano llegase a ser éxito de ventas y se convirtiera en un abanderado de la defensa, o al menos aceptación, del lesbianismo:
Desde entonces la reivindación de los derechos de la mujer ha ido creciendo, y esto se ha reflejado también en la música. Canciones como “La mujer que mueve el mundo” de Presuntos Implicados, “Quítame este velo” de Amistades Peligrosas o el disco del cantautor Pedro Guerra, Hijas de Eva, un proyecto del año 2001, dedicado por entero a la mujer: como decía la critica, a“la dominación masculina, la pobreza multiplicada, el esfuerzo ignorado, la niñez robada, el cuerpo sometido, la maternidad desafiada, la lucha silenciada, la libertad escarnecida”: Cantaba en “Niña”:
Pero la gran revolución en el mundo musical ha venido de la mano de, Bebe y su disco Pafuera telarañas, una artista alternativa, convertida ya en ídolo de masas, que ha agitado la música española con su reivindicación de la mujer, Bebe, como nadie ha sabido transmitir una imagen de la mujer actual, sus problemas, sus deseos y sus luchas. En la canción “Ella” canta:
Y en “Con mis manos”, reivindica la libertad sexual femenina:
Esta desinhibición también aparece en un también excelente disco del grupo Pastora, en la canción “Mirona”:
http://www.youtube.com/watch?v=rcaD7yJ1Xzw
Temática que permanece “tabú”, dentro del ámbito de la música, en relación a la conducta sexual masculina.
Pero la canción que ha lanzado al estrellato a Bebe ha sido “Malo”, una canción de radical actualidad, muy oportuna, que arremete contra una de las mayores lacras de nuestra sociedad: la violencia doméstica masculina:
El problema ya había sido abordado anteriormente por Pasión Vega en la canción “María se bebe las calles” del disco Banderas de nadie, del año 2003:
Y el grupo zaragozano Amaral en “Salir corriendo” del álbum Estrella de mar, en el 2002:
Esplendidas canciones que denunciaban la violencia ejercida sobre la mujer, y que eran un eco de un clamor popular, el de hacer justicia y tomar medidas preventivas para proteger a la mujer que vive una situación de amenaza. Acerca de la condición de la mujer en el mundo, Cristina del Valle de Amistades Peligrosas cantaba una hermosa y triste canción, dedicada a las mujeres afganas, que debían vivir su existencia ocultas bajo la “burka”:
Y Lila Downs, una cantaora mexicana con una voz potente, en “La Niña”, trata sobre la explotación infantil en el trabajo:
Aprendamos a vivir y convivir, aprendamos a luchar por un mundo lleno de humanidad, de justicia y de libertad.
AHORA, OS TOCA TRABAJAR UN POQUITO:
Busca una canción actual en español en la que de algún modo veamos la situación de la mujer en el siglo XXI e introduce un comentario.
martes, 3 de marzo de 2009
8 de marzo. DÍA DE LA MUJER
LA CENICIENTA QUE NO QUERÍA COMER PERDICES
lunes, 2 de marzo de 2009
8 de marzo. DÍA DE LA MUJER
Se acerca un dia importante, un dia feliz. Aunque la verdad todos deberían ser felices para millones de mujeres en el mundo. Intentaré crear un espacio de reflexión, de serenidad y de palabra.
La última vez que escuché esta canción lloré, lloré mucho. Pero el tiempo pasa y tiene memoria...
Como sé que no todos los que siguen este blog son adolescentes, sino que también hay mujeres y hombres que se acercan a él, por primera vez, les dedico esta entrada.
No puedo dejarte de ver
arañando el silencio con tus ojos
tratando de decir algo que las palabras
nunca hubieran dicho mejor.
Aquella mirada
era el resumen de la noche posado en tus ojos
con su lluvia, su viento y tu miedo al mar
y aquel sueño que te conté.
No puedo dejarte de ver
describiendo una estrella descubierta por mí
en tu erótica constelación
que no cabe en los mapas del cielo.
Tu mano dibujando en el aire
era capaz de ponerle colores
al espacio vacío que se llenaba
con la luz de la estrella brillante.
Cuida bien tus estrellas, mujer
cuida bien tus estrellas,
cuida bien tus estrellas, mujer
cuida bien tus estrellas.
Cuida bien tus estrellas, mujer.
No puedo dejar de decir
que hay idiomas perfectos por descubrir
y que son olvidados frecuentemente
en el tedio del tiempo
y hay que buscarlos,
porque los barcos y las piedras
tienen abecedarios mejores
para demostrar que son bellos sencillamente
sin palabras o esquemas.
No puedo dejar de decir
que esta triste canción a tu lado oscurece
que quizás este sea el último misterio
que mirarán tus ojos nacer de mis manos,
pues es tarde quizás para mí
y Caín me ha marcado sobre la frente
pero quiero alertarte de un gran peligro
y quisiera encenderte esta frase en la mente.
Cuida bien tus estrellas, mujer
Cuida bien tus estrellas
Cuida bien tus estrellas, mujer
y que nunca las pierdas.
Silvio Rodríguez
domingo, 22 de febrero de 2009
UN LUNES, UN CUENTO (17)

LA EXTREMA MISERIA
Esta breve historia nos llega de la tradición árabe:
Un hombre muy pobre y su joven hijo encontraron a unos hombres que transportaban un cuerpo.
-¿Adónde lleváis a ese muerto? –preguntó el niño.
-A un lugar donde no hay nada de comer, ni de beber. A un lugar donde no hay ni tejado, ni fuego, ni tapices, ni esteras.
-Entonces seguramente lo lleváis a mi casa –dijo el niño.
CARRIÈRE, J.C., El círculo de los mentirosos. Cuentos filosóficos del mundo entero, LUMEN, Barcelona, 2001.
domingo, 15 de febrero de 2009
UN LUNES, UN CUENTO (16)

EL PEQUEÑO GIGANTE
Una familia de gigantes tenía cuatro niños, tres de los cuales eran niños gigantes, pero uno era pequeño, no más grande que tú y que yo, y se llamaba Jobo.
Al pequeño gigante Jobo le encantaba jugar con su hermana. Pero lo que más le gustaba era trepar por ella, aunque debía tener cuidado de no enredarse con sus salvajes rizos. En una ocasión se perdió en su espesura y tuvo que gritar pidiendo ayuda; su hermana le sacó con un peine del tamaño de un rastrillo para el heno.
Los gigantes vivían juntos, como nosotros. Se pasaban el brazo por los hombros y por el talle, se besaban con frecuencia y, a veces, se lamían el rostro. A Jobo le daban miedo sus lenguas. Hasta él mismo dio una vez un beso, que sonó como si escupiera un hueso de ciruela.
Tanto si estaban de pie como si caminaban, los gigantes tenían que agarrarse con fuerza unos a otros. En cambio, Jobo empezó a correr muy pronto. Los otros le observaban, se quedaban asombrados y entrechocaban las cabezas.
Los gigantes también tenían unos abrigos enormes, en los que cabían más de uno. Uno metía el brazo derecho en la manga derecha, otro el brazo izquierdo en la manga izquierda, y en medio cabía un tercero, y hasta un cuarto. De esta forma abultaban tanto de ancho como de largo cuando caían en la hierba, y el vaho que les salía por la boca en invierno parecía el de una locomotora.
A la hora de comer ponían ante ellos una fuente en la que todos metían la mano. No sólo se alimentaban a sí mismos, sino que también se embutían patatas en la boca mutuamente o se quitaban unos a otros los mejores pedazos de entre los dientes.
Los gigantes hablaban poco y despacio. Su forma de hablar era parecida a la tuya y a la mía, aunque algunas palabras sonaban comprimidas. Por ejemplo, en vez de decir patata decían pata, y, en lugar de Jacobo, Jobo. Su lenguaje era muy simple. Los lunes la madre decía:
-Hoy es lunes.
Y ellos repetían:
-Lunes.
Después su hermana, agarrando con una mano la barba del hermano mayor, decía:
-Hoy brilla el sol.
Y ellos asentían con la cabeza:
-Brilla.
Repetían todo lo que decían los otros, aunque fueran insultos. Uno le llamaba a otro ono, que significaba tonto, y éste a su vez decía ono, y no se sabía si devolvía el insulto o si se limitaba simplemente a repetir.
Jobo hablaba mucho y rápido, por lo que los gigantes no entendían munchas de sus palabras; sólo comprendían lo que podían repetir. Eran bastante necios; sólo Jobo era inteligente y hábil. Tocaba muy bien el contrabajo, qu él mismo se había hecho con un zueco de gigante infantil. Como era tan listo, se burlaba de sus hermanos cuanto quería. En una ocasión su hermano mayor le insultó porque se bañaba en la sopa caliente. Ono, gritó aquél, y acto seguido los otros repitieron la palabra. Jobo salió de la sopera, cogió su contrabajo y se puso a tocar con tanta destreza que el hermano y el resto de la familia se quedaron boquiabiertos de asombro.
Pero antes de quedarse con la boca abierta, exclamaron admirados:
-¡Diez demonios!
Tú y yo hubiéramos dicho: ¡Mil demonios! Pero es que ellos sólo sabían contar con los dedos y, como no tenían más dedos que nosotros, diez era la cifra máxima a la que llegaban. Por el contrario, Jobo sabía contar hasta veinte, pues, si era necesario, utilizaba los dedos de los pies.
Cuando Jobo vio la boca abierta de su hermano, apartó el contrabajo y el arco, cogió una calabaza y se la metió entre los dientes. Aquél no se quitó la calabaza y no dijo tampoco una palabra más. Agitaba la cabeza y agarraba el aire con las manos como si quisiera estrujarlo. Jobo se compadeció de él. Volvió a coger el contrabajo y tocó con más rapidez que antes, y su hermano abrió la boca tan desmesuradamente que la calabaza se cayó por sí sola.
Por la noche, toda la familia dormía junta, apretujada. Sólo Jobo tenía su propia cama, tan pequeña como la tuya y la mía. Se la había hecho él mismo con una caja.
Algunas veces se ponía a tocar cuando los gigantes ya estaban dormidos. Aún así, ponían cara de asombro, abrían mucho la boca y roncaban. Cuando Jobo dejaba de tocar, cerraban otra vez la boca, así que, con frecuencia, uno acababa mordiendo a otro en la pierna; éste se defendía y empujaba a un tercero. Así comenzaban a zarandearse en la oscuridad y sus miembros se confundían. A menudo se pellizcaban su propia pantorrilla, se insultaban y volvían a dormirse.
Cuando Jobo tenía diez años, empezó a sentirse muy triste. Veía y oía el viento que rozaba la hierba, el pájaro que se dejaba llevar por él y el brillo que producía en el agua. Un día dijo a los gigantes:
-¡Adiós! Quiero salir al mundo.
Los gigantes se estremecieron.
-¿Al mundo? –preguntaron-. ¿Dónde está eso?
Jobo abrazó a sus padres y hermanos y se echó a los hombros el contrabajo.
-Vuelve pronto a casa –dijeron los gigantes.
Tenían los ojos, el pelo y la barba humedecidos por las lágrimas. Ni siquiera vieron qué camino tomaba. Hacían señas en todas direcciones y gritaban:
-¡Vuelve pronto! ¡Vuelven pronto!
Jobo caminó durante tres días y durmió tres noches en el bosque. Al cuarto día encontró un camino y lo siguió. Al atardecer llegó a un pueblo donde vivía gente. Se quedó asombrado por la pequeñez de las casas y por las comodidades que tenían. Aquí viven enanos, pensó.
Había una ventana abierta, oyó tocar un contrabajo. Las notas surgían una tras otra con tanta rapidez como si fuera él mismo el que tocara. Se asomó:
-¡Veinte demonios! –exclamó-. ¡Suena bien!
-¿Cuántos demonios? –preguntó una chica que estaba sentada detrás del contrabajo.
Jobo sólo vio su rostro, pero fue suficiente. Se quedó estupefacto. No había visto nunca nada tan bello. Cuando ella dijo ¡Entra!, él repitió:
-Entra- y entró por la ventana.
No sabía que existían las puertas ni para qué servían.
Así conoció Jobo a los humanos. Era gente como él, y como tú y como yo. Hablaban mucho y rápido, eran inteligentes y tocaban el contrabajo. Para comer utilizaban unos pequeños instrumentos y podían contar hasta un millón, e incluso más.
Jobo y la chica, que se llamaba Rosalía, tocaban juntos el contrabajo desde hacía ya semanas. Antes de empezar a tocar y cuando terminaban, se daban un beso que sonaba como si escupieran al mismo tiempo un hueso de ciruela.
Jobo, que ahora se llamaba Jacobo, decidió quedarse con los humanos. Aprendió a contar, para qué se usaban las puertas y a pronunciar tonto como todos los demás. Sólo cuando se sentía especialmente feliz, triste, furioso o cansado, necesitaba pronunciar las viejas palabras.
Tres años después se casó con Rosalía. Tuvieron cuatro niños; tres de ellos eran humanos, pero en seguida se dio cuenta de que el cuarto era un gigante. Comía muchísimo y crecía por días. Era bastante tonto y abría la boca cuando Jacobo y Rosalía tocaban el contrabajo. Como la casa era demasiado pequeña para él, tenía que vivir en el granero. Caminaba por la hierba con paso cargado y, cuando se agarraba a los árboles, las manzanas que todavía estaban verdes caían en tropel-
-Esto no puede seguir así –le dijo Jacobo a su mujer. Sólo con que el niño tropezara con una valla, las vacas huían despavoridas por los prados.
-Ven, te voy a enseñar el camino a casa de los gigantes –le dijo Jacobo al niño.
-Camino a casa de los gigantes –repitió el niño.
Se rió por primera vez y en voz tan alta que los pájaros salieron huyendo en bandada de los bosques.
JÜRG SCHUBIGER, Cuando el mundo era joven todavía, ANAYA, Madrid, 2003.
jueves, 12 de febrero de 2009
30 de enero. DÍA DE LA PAZ Y LA NO VIOLENCIA
NO (G. FUERTES)
PRIMERO VINIERON... (B. BRECHT)
Alumnos y alumnas de 3º C
miércoles, 11 de febrero de 2009
EL CONDE LUCANOR. IES ÁNGEL GANIVET
EL CONDE LUCANOR. Curso 2008/09
1.- LO QUE HACEN LAS HORMIGAS PARA MANTENERSE
Rafael Espinosa (3º B)
MORALEJA:
NO COMAS SIEMPRE LO GANADO PUES EN PENURIA NO MORIRÁS HONRADO
2.- LO QUE LE ACONTECIÓ A UN CUERVO CON SU ZORRO
María García (3º A)
MORALEJA:
QUIEN ALABA LO QUE NO TIENES QUIERE LLEVARSE LO QUE TIENES
3.- LO QUE LE OCURRIÓ A UN HOMBRE QUE POR POBREZA Y FALTA DE OTRO ALIMENTO COMÍA ALTRAMUCES
Cristina González (3º A)
MORALEJA:
POR SER POBRE NO TE DESANIMES PORQUE SIEMPRE HABRÁ OTROS MÁS POBRES
4.- LO QUE LE SUCEDIÓ A UN HOMBRE QUE TENÍAN QUE LIMPIARLE EL HÍGADO
Pablo López (3º A)
MORALEJA:
SI NO TE PIENSAS BIEN A QUIEN PRESTAR SOLO MUY GRAVES DAÑOS TE PODRÁN AGUARDAR
5.- LO QUE LE SUCEDIÓ A LA GOLONDRINA CON LOS OTROS PÁJAROS CUANDO VIO SEMBRAR EL LINO
Alicia Ibáñez (3º B)
MORALEJA:
LOS MALOS AL COMIENZO DEBEMOS ARRANCAR PORQUE UNA VEZ CRECIDOS ¿QUIÉN LOS ATAJARÁ?
martes, 10 de febrero de 2009
TIEMPO FRÍO
domingo, 8 de febrero de 2009
UN POEMA A LA SEMANA (13)
“Y teniendo yo más alma,
tengo menos libertad”. (Calderón, La vida es sueño)
Segismundo
Es verdad; pues reprimamos
Esta fiera condición.
Esta furia, esta ambición,
Por si alguna vez soñamos;
Y sí haremos, pues estamos
En un mundo tan singular,
Que el vivir sólo es soñar;
Y la experiencia me enseña
Que el hombre que vive sueña
Lo que es hasta despertar.
Sueña el rey que es rey, y vive
Con este engaño mandando,
Disponiendo y gobernando;
Y este aplauso, que recibe
Prestado, en el viento escribe;
Y en las cenizas le convierte
La muerte (¡desdicha fuerte!)
Que hay quien intente reinar,
Viendo que ha de despertar
En el sueño de la muerte?
Sueña el rico en su riqueza,
Que más cuidados le ofrece;
Sueña el pobre que padece
Su miseria y su pobreza;
Sueña el que a medrar empieza,
Sueña el que afana y pretende,
Sueña el que agravia y ofende,
Y en el mundo, en conclusión,
Todos sueñan lo que son,
Aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí
Destas prisiones cargado,
Y soñé que en otro estado
Más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí:
¿Qué es la vida? Una ilusión.
Una sombra, una ficción,
Y el mayor bien es pequeño;
Que toda la vida es sueño,
Y los sueños, sueños son.
Calderón de la Barca
UN LUNES, UN CUENTO (15)

LAS LEYES DE LA HOSPITALIDAD
En algunos casos, incluso cuando todas las formas del deber y de las conveniencias parecen respetarse, se pierde la noción de mesura. Entonces el comportamiento llega a extremos que quizá no sean aconsejables.
Una historia india, a menudo contada de diversas formas, presenta a un pajarero, un hábil trampero. Capturaba pájaros vivos y los vendía en el mercado.
Un día entre sus presas se encontraba una paloma a la que llevaba en una jaula de bambú. Cuando estaba atravesando un espeso bosque para regresar a su morada, una tormenta inhabitual sacudió la tierra. Caminar se hacía imposible. El hombre tuvo que buscar cobijo bajo un árbol enorme. Se apoyó contra el árbol (al que pidió protección) y dejó en el suelo, a su lado, la jaula que encerraba a la paloma y otra jaula donde otros pájaros se debatían.
Resultó que aquel árbol era la vivienda de la paloma, de su presa, que allí vivía con su macho. Éste, que se había escondido de la tormenta en las cavidades del tronco, oyó las quejas de su compañera. Salió temeroso y la vio prisionera en su jaula, debajo de él.
Los dos palomos entablaron conversación en su lengua, que el hombre no podía comprender a pesar de ser un habitual de los bosques. Y los otros pájaros le gritaron al palomo:
-Tiene hambre –dijo la paloma a su compañero.
-Sí, tiene hambre –contestó el macho-. Es nuestro huésped. Tenemos que alimentarlo.
-Tienes razón -le dijo la hembra-. Tenemos que alimentarlo. Es necesario.
Ambos se entendieron. Con lo tarde que era no tenía sentido buscar en el bosque algún alimento para el trampero. Todo estaba oscuro y parecía hostil. El palomo cerró las alas y se dejó caer en medio de las llamas que tenía debajo, ante la sorprendida mirada del cazador. En un instante se quemaron sus plumas, su piel se asó, su vida se perdió.
El trampero, que comprendía el sentido de aquel gesto a la perfección, se emocionó hasta el punto de echarse a llorar. Abrió la puerta de la jaula y liberó a la hembra, mientras le pedía perdón, a ella y a los otros pájaros.
Pero la hembra, en lugar de perderse en el bosque, se unió a su esposo en las llamas y ardió con él.
CARRIÈRE, J.C., El círculo de los mentirosos. Cuentos filosóficos del mundo entero, LUMEN, Barcelona, 2001.
ACRÓSTICO DE FERNANDO DE ROJAS EN "LA CELESTINA"
El autor a un su amigo1
Suelen los que de sus tierras ausentes se hallan considerar de qué cosa aquel lugar donde parten mayor inopia2 o falta padezca, para con la tal servir a los conterráneos,3 de quien en algún tiempo beneficio recibido tienen. E viendo que legítima obligación a investigar lo semejante me compelía para pagar las muchas mercedes de vuestra libre liberalidad recibidas, asaz4 veces retraído en mi cámara5 (acostado sobre mi propia mano, echando mis sentidos por ventores6 e mi juicio a volar) me venía a la memoria, no sólo la necesidad que nuestra común patria tiene de la presente obra por la muchedumbre de galanes e enamorados mancebos que posee, pero aun en particular vuestra misma persona, cuya juventud de amor ser presa se me representa haber visto y dél cruelmente lastimada, a causa de le faltar defensivas armas para resistir sus fuegos. Las cuales hallé esculpidas en estos papeles; no fabricadas en las grandes herrerías de Milán, mas en los claros ingenios de doctos varones castellanos formadas. E como mirase su primor, sutil artificio, su fuerte e claro metal, su modo e manera de labor, su estilo elegante, jamás en nuestra castellana lengua visto ni oído, leílo tres o cuatro veces. E tantas cuantas más lo leía, tanta más necesidad me ponía de releerlo, e tanto más me agradaba y en su proceso nuevas sentencias sentía. Vi no sólo ser dulce en su principal historia o ficción toda junta, pero aun de algunas sus particularidades salían deleitables fontecicas de filosofía; de otras, agradables donaires; de otras, avisos e consejos contra lisonjeros e malos sirvientes, e falsas mujeres hechiceras.
Vi que no tenía su firma del autor; el cual, según algunos dicen fue Juan de Mena, e según otros Rodrigo Cota. Pero, quienquiera que fuese, es digno de recordable memoria por la sutil invención, por la gran copia7 de sentencias entregeridas8 que so color de donaires tiene. ¡Gran filósofo era! E pues él, con temor de detractores e nocibles lenguas, más aparejadas a reprender que a saber inventar, quiso celar e encubrir su nombre, no me culpéis si, en el fin bajo que lo pongo, no expresare el mío. Mayormente que, siendo jurista yo, aunque obra discreta es ajena de mi facultad e quien lo supiese diría que no por recreación de mi principal estudio, del cual yo más me precio, como es la verdad, lo hiciese; antes9 distraído de los derechos, en esta nueva labor me entremetiese.10 Pero, aunque no acierten, sería pago de mi osadía. Asimismo pensarían que no quince días de unas vacaciones, mientras mis socios11 en sus tierras, en acabarlo me detuviese, como es lo cierto; pero aun más tiempo e menos acepto.
Para disculpa de lo cual todo, no sólo a vos pero a cuantos lo leyeren, ofrezco los siguientes metros. E porque conozcáis dónde comienzan mis mal doladas12 razones y acaban las del antiguo autor, en la margen hallaréis una cruz, y es el fin de la primer [es]cena. Vale.13
EL AUTOR, EXCUSÁNDOSE DE SU YERRO EN ESTA OBRA QUE ESCRIBIÓ, CONTRA SÍ ARGUYE E COMPARA14
El silencio escuda y suele encubrir
Las faltas de ingenio e las torpes lenguas;
Blasón que es contrario publica sus menguas
Al que mucho habla sin mucho sentir.
Como la hormiga que deja de ir
Holgando por tierra con la provisión,
Jactóse con alas de su perdición:
Lleváronla en alto, no sabe dónde ir.
PROSIGUE
El aire gozando, ajeno y extraño,
Rapiña es ya hecha de aves que vuelan;
Fuertes más que ella por cebo la llevan:
En las nuevas alas estaba su daño.
Razón es que aplique a mi pluma este engaño,
No disimulando con los que arguyen;
Así que a mí mismo mis alas destruyen,
Nublosas15 e flacas, nacidas de hogaño.16
PROSIGUE
Donde ésta gozar pensaba volando,
O yo aquí escribiendo cobrar más honor,
De lo uno y lo otro nació disfavor:
Ella es comida y a mí están cortando
Reproches, revistas17 e tachas. Callando
Obstara18 los daños de envidia e murmuros;19
Y así navegando, los puertos seguros
Atrás quedan todos ya, cuanto más ando.
PROSIGUE
Si bien discernís mi limpio motivo,
A cuál se endereza de aquestos extremos,
Con cuál participa, quién rige sus remos:
Amor apacible o desamor esquivo,
Buscad bien el fin de aquesto que escribo,
O del principio leed su argumento.
Leedlo y veréis que, aunque dulce cuento,
Amantes, que os muestra salir de cautivo.
COMPARACIÓN
Como el doliente que píldora amarga
O huye o recela o no puede tragar,
Métenla dentro de dulce manjar:
Engáñase el gusto, la salud se alarga.
Desta manera mi pluma se embarga20
Imponiendo dichos lascivos, rientes,
Atrae los oídos de penadas gentes:
De grado escarmientan y arrojan su carga.
VUELVE A SU PROPÓSITO
Este mi deseo cargado de antojos
Compuso tal fin que el principio desata;
Acordó de dorar con oro de lata
Lo más fino oro que vio con sus ojos
Y encima de rosas sembrar mil abrojos.21
Suplico pues suplan, discretos, mi falta;
Teman groseros y en obra tan alta
O vean y callen, o no den enojos.
PROSIGUE DANDO RAZONES
POR QUE SE MOVIÓ A ACABAR ESTA OBRA
Yo vi en Salamanca la obra presente.
Movíme acabarla por estas razones:
Es la primera que estó22 en vacaciones;
La otra que oí su inventor ser sciente;23
Y es la final, ver ya la más gente
Vuelta e mezclada en vicios de amor.
Estos amantes les pondrán temor
A fiar de alcahueta, ni de mal sirviente.
Y así que esta obra, a mi flaco entender,
Fue tanto breve cuanto muy sutil,
Vi que portaba sentencias dos mil:
En forro de gracias, labor de placer.
No hizo Dédalo24 en su oficio e saber
Alguna más prima entretalladura,25
Si fin diera en esta su propia escritura,
Corta, un gran hombre y de mucho valer.
Jamás no vi sino en terenciana,26
Después que me acuerdo, ni nadie la vido,27
Obra de estilo tan alto y subido
En lengua común vulgar castellana.
No tiene sentencia de donde no mana
Loable a su autor y eterna memoria,
Al cual Jesucristo reciba en su gloria
Por su pasión santa, que a todos nos sana.
AMONESTA A LOS QUE AMAN QUE SIRVAN A DIOS Y DEJEN LAS MALAS COGITACIONES28 E VICIOS DE AMOR
Vosotros que amáis, tomad este ejemplo,
Este fino arnés29 con que os defendáis;
Volved ya las riendas, porque no os perdáis;
Load siempre a Dios visitando su templo;
Andad sobre aviso, no seáis de ejemplo
De muertos y vivos y propios culpados.
Estando en el mundo yacéis sepultados;
Muy gran dolor siento cuando esto contemplo.
FIN
Olvidemos los vicios que así nos prendieron,
No confiemos en vana esperanza;
Temamos Aquel que espinas y lanza,
Azotes y clavos su sangre vertieron;
La su santa faz herida escupieron,
Vinagre con hiel fue su potación,30
A cada santo lado consintió un ladrón.
Nos lleve, le ruego, con los que creyeron.